Un concierto de acordeón para cruzar el mundo

Actualizado: mar 24

Transmitir el gusto y conocimiento artístico es un acto de empatía. La que anula la superioridad y el prejuicio, para dar paso al gozo y el descubrimiento. Con eso y su acordeón Scandalli al frente, Fernando Paredes compartió desde el Foro de Terminal Coyoacán, su pasión por la música del mundo; un recorrido para descubrir el origen, mecanismo, familia y estilos donde el acordeón ha marcado la música popular.


Afable de principio a fin, con prodigiosa memoria, Fer nos colgó el pasaporte en Tatavasco 31, Coyoacán, para su Brincando el charco y armando tango.



Entre Nápoles y Castelfidardo


Empezamos en Italia y nos recibió la obra de Nino Rota para la cinta El Padrino; de ahí, tras reconciliar las disputas de la mafia siciliana, arribamos a Nápoles y luego descubrimos Castelfidardo, “el Paracho del acordeón” y entendimos porqué se nombra tarántela a esa música que, al bailarla, expulsa el “veneno” -¿de la vida, será?- con el sudor, en relación a cuando la tarántula picaba el cuerpo y debía sudarse presto para no morir... Sonó “Funiculi, Funicula” (los mayores de casa inmediatamente la identificarán).


De la tarantela atendimos la canción italiana. Fer interpretó dos clásicos inolvidables: “Torna a Sorriento” y “O Sole Mio”, con este último tema nos hizo notar la influencia en la ópera clásica al igual que la forma como se ejercía el oficio de componer en la música europea del siglo XIX: “la música la hacía el músico, la letra un poeta y la interpretación un cantante con tablas; el resultado era, a mi parecer, exquisito”, asentaría nuestro guía.



Ciudad Luz


Dejando al Sol ocultarse en el horizonte de la península italiana, llegamos a Francia. Mientras nos encaminamos a la Ciudad Luz, Fer explicó cómo surgió el estilo musette y la manera en que este provino de la búsqueda por emular el sonido de las cornamusas, “un tipo de oboe pero sin llaves para afinar”, en una versión de armónicas; el resultado se llamó musette -o museta, como se le llama castellanamente- que derivó en un estilo musical insignia del país galo. Fer explica posicionando sus manos, cómo activa los botones de su Scandalli para tener las cinco voces que pide el estilo y lo interpreta.


Lo que viene es el tributo a la chanson française -canción francesa-, escuchamos “Bajo el Cielo de París” y después, la evocación de la voz más cautivadora del estilo, Edith Piaf: suena un medley con “Non, je ne regrette rien”, “Padam Padam” y luego "La Foule", tema del que Fer descubre la correlación entre el vals peruano que le dio vida y la adaptación que de éste existe en la canción “Que Nadie Sepa Mi Sufrir” de la Sonora Dinamita. La pausa que al terminar hace Fer en realidad es para todos: se viene "La Vie en Rose”.



Por Astor


El cúmulo de imágenes que cede al concluir el himno de Piaf, nos deja alistarnos para “brincar el charco”, al tiempo que Fer revela el motivo por el cual cambió el orden del singular viaje (originalmente se llama Armando tango y brincando el charco): “Este año se celebra el centenario de Astor Piazzolla y fui invitado para compartir aquí un breve homenaje. Por eso ahora nos vamos a Argentina”.


A la par de describir la región que comprende la cultura porteña (Buenos Aires y Rosario de la Argentina, Montevideo de Uruguay), Fer vuelva a poner el reflector sobre su Scandalli para precisar más sobre su funcionamiento, porqué se le llama cromático, en qué se diferencia de su primo el bandoneón, cuyo alcance del fuelle no deja de maravillarnos.


Y de lleno al tango. El trayecto inicia con un clásico, “La Comparsita” y de ahí, una oda con sentido figurado con “El Choclo” (el maíz, la mazorca). Fer nos invita a reflexionar sobre las referencias del acordeón en la música popular mexicana con las polcas y lo norteño en nuestro país o el vallenato colombiano; volverá a posicionar sus manos en ambos extremos de su acordeón para sonar la obra del más famoso de los intérpretes de tango, Carlos Gardel: “Mi Bueno Aires Querido” y “Por Una Cabeza” nos deleitan.


Entonces el final del viaje se anuncia. Será con una pieza de Astor Piazzolla a quien Fer extendió enorme respeto por el legado y alcance de su obra, un músico que logró conciliar el recelo por la música popular de su país, el tango, tras atender los consejos de su maestra, la fantástica Nadia Boulanger, “una de las compositoras más importantes del siglo XX”, nos señaló fascinado Fer, quien ustedes deben saber es principalmente un maravilloso baterista. “Piazzolla aprendió el tango arrabalero de Aníbal Troilo, compositor y bandoneonista, al llegar a Nueva York y combinar el jazz desarrolló su habilidad como improvisador. Ése tipo de tango es lo que debía decir, tal como se lo dijo su maestra de composición Nidia Boulanger”, relató para casi despedir la velada Fer.



El colofón no pudo ser mejor. Fer compartió porqué eligió “Balada para un Loco”: “la música es de Piazzolla, la letra de Horacio Ferrer y la versión donde canta El Flaco, Roberto Goyeneche es fantástica, ojalá la busquen y escuchen. La letra es bellísima”. Suena el Scandelli, el viaje ha terminado pero, no te quedes con las ganas de vivirlo. Se ha quedado en la cartelera on demand de Terminal Coyoacán, gracias a la labor técnica de Pieza Estudios, tienes tu pase de abordar por 80 pesos. Alístate y disfrútalo en tu cuarto o en el trayecto a casa.


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